Cartografías o el espacio topológico como integración entre teoría e investigación social.


II Jornadas Provinciales de Trabajo Social.


Gregorio Herranz[1] (goyitoherranz@gmail.com)
Raúl Arué[2] (raularue@gmail.com)


Eje 1. Metodologías de la intervención: Experiencias profesionales y formación académica

Palabras Clave: espacio topológico; teoría social; Investigación social;  

El presente trabajo relata y fundamenta una experiencia de práctica docente desarrollada por los estudiantes de la asignatura “Trabajo Social y Teoría Social Contemporánea” con el acompañamiento de los autores durante el cursado 2018, que buscó integrar los planteos teóricos desarrollados en la materia, con las prácticas pre-profesionales y las técnicas de investigación social, a partir de un trabajo grupal de cartografiado, trabajo que se inscribe en el espacio topológico que, postulamos, resulta apropiado y de gran potencialidad para la reflexión teórica, epistemológica y metodológica en las ciencias sociales.
Más allá de relatar la experiencia y sus capacidades pedagógicas, en este escrito fundamentaremos teórica y metodológicamente el espacio topológico como un espacio propicio para el encuentro entre teoría e investigación social.
El relato de la experiencia.
La academia en su afán analítico ha separado teoría e investigación social de tal modo que la teoría social no se propone mostrar sus necesarias consecuencias metodológicas y la investigación social no se pregunta, o lo hace en contadas ocasiones, sobre los fundamentos teóricos que avalan su modo de proceder. Esta oposición presenta a la teoría como algo estático y acabado y no se interroga sobre cómo progresan estas, como se elaboran, instalan, reestructuran, completan y aplican a partir de la investigación empírica.
Esta división se materializa en la idea, aceptada pragmáticamente, aunque también criticada, que tienen los estudiantes sobre la teoría como algo exterior y objetivo, una construcción acabada, cerrada, producida por otros en los alejados centros de producción académica de esta ciencia (occidental, eurocéntrica y patriarcal), teoría que debe ser internalizada, memorizada y repetida en alguna instancia de evaluación.
Desde la materia se han propuesto otras visiones alternativas respecto a la teoría y para ello nos apoyamos en Paulo Freire. En un artículo breve que tiene por título “El acto de estudiar” Freire se pregunta sobre el sentido de compilar una bibliografía, allí afirma –y es una idea de la que estamos convencidos- que “al compilar una bibliografía, existe un propósito intrínseco: centralizar o estimular en el lector potencial el deseo de aprender más.” Es por esto que desestima la posibilidad de prescribir lecturas de un modo dogmático por parte del docente y la de asumir una actitud ingenua, que busca la memorización y no la comprensión por parte del estudiante.
Por el contrario, el acto de estudiar requiere una actitud crítica en la que el lector “se siente desafiado por el texto en su conjunto, y su objetivo reside en apropiarse de su significado más profundo.” En este sentido…
“Estudiar seriamente un texto exige un análisis del estudio que llevó a cabo el autor para poder escribirlo. Requiere una comprensión del condicionamiento sociológico-histórico del conocimiento. Y exige una investigación del contenido que se estudia y de otras dimensiones del conocimiento. Estudiar es una forma de reinventar, re-crear, reescribir; y ésta es la tarea de un sujeto activo. Es más, con un enfoque así, el lector no se puede separar del texto porque estaría renunciando a su actitud crítica respecto del mismo.” (Freire, 1990)
Esta perspectiva crítica es la que invitamos a asumir a los estudiantes, en tanto dicha actitud que se aprende con la práctica es la misma que necesitarán para afrontar la realidad social.
Comprendemos, por tanto, la necesidad de abordar la práctica, desde esta perspectiva crítica, como el producto permanente de la relación dialéctica entre teoría y praxis. En este sentido el desarrollo conceptual de la teoría social brinda los fundamentos para reflexionar y reflejar la acción permitiendo así la comprensión contextual, integral y totalizadora de la realidad social, en tanto sin teoría es difícil leer la trama social y sin contextualizar la práctica es difícil superar la mera relación instrumental.
Otra iluminación del mismo camino la encontramos en la mención de Rita Segato cuando nos habla de una reconfiguración disciplinar al plantear una antropología por demanda, entendida como “una antropología supeditada a la demanda de los que anteriormente habían sido objeto de nuestra observación; una antropología atenta e interpelada por lo que esos sujetos nos solicitan como conocimiento válido que pueda servirles para acceder a un bienestar mayor, a recursos y, sobre todo, a la comprensión de sus propios problemas.”[3] (Segato, 2013: 13)
En esta tarea, el científico social no puede refugiarse en los límites de su disciplina ni de la comunidad científica, no puede escribir sólo para sus colegas o reducirse a una tarea técnica e instrumental, por el contrario “tiene que dirigirse al mundo, a los temas epocales, y utilizar su caja de herramientas, su oficio de etnógrafo, para responder las preguntas de su tiempo.” (Segato 2013: 16). Esta idea de las categorías teóricas como “caja de herramientas” que pueden ser empleadas para producir conocimiento y reflexión crítica como posible respuesta a las demandas sociales también fundamentó la propuesta de la cartografía.
En definitiva se les solicitaba a los estudiantes que conformaran grupos, definieran, a partir de su experiencia en alguna práctica, el espacio social sobre el que realizarían el trabajo, comenzar las tareas de mapeo del territorio seleccionado plasmando en un plano o en una maqueta el espacio social sobre el que iban a trabajar, se aclaraba, además que esta podía ser una tarea propia del grupo o pedir la colaboración de la comunidad con la que se trabaja lo que democratizaría aún más la experiencia.
Aquí la estrategia incorpora una clara función emancipadora en tanto pone en discusión la concepción occidental hegemónica de ciencia que se reserva la prerrogativa de determinar la relevancia: ¿qué es relevante como conocimiento científico? En este sentido Boaventura De Sousa Santos recurre a la analogía con la cartografía para hablarnos de las escalas: La cartografía asume como propia la tarea de representar (y sin decirlo) distorsionar la realidad, “el poder representa la realidad física y social en una escala elegida por su capacidad de crear fenómenos que maximicen las condiciones de reproducción del poder.” (Santos, 2009: 67)
Construir nuestras propias cartografías, interviniendo planos “oficiales”, incorporando nuevas miradas, distorsionando la escala, generando un trabajo colaborativo de significación, implica, por tanto, inventar criterios de relevancia alternativos, producir, siguiendo a De Sousa Santos, una mirada de “trans-escala” sobre la realidad.
Siguiendo con nuestro relato, los estudiantes, luego debían construir los íconos, pictogramas, símbolos e imágenes que representaran, tanto los principales problemas, urgencias y demandas que encontraban en el espacio social abordado, como las categorías teóricas (desarrolladas y apropiadas durante el cursado de la materia) que permitirían realizar esta tarea de generar un conocimiento a partir de la idea clásica de Bachelard de que el hecho científico se conquista (contra la ilusión del saber inmediato) se construye (a partir del inter juego entre las interpretaciones de la realidad y las categorías teóricas) y se comprueba (empíricamente).
Los trabajos presentados hicieron referencia a la mayoría de las prácticas pre-profesionales de la carrera, fundamentalmente las prácticas de grupos y comunidad, las instituciones y espacios referidos fueron: Barrio “Calpini” (Tafí Viejo); Barrio Eucaliptus; El Colmenar; Lomas de Tafí; Barrio “24 de Septiembre”; controversia entre el barrio “La Esperanza” y el “Country del Golf” en Yerba Buena. Además, se trabajó en el servicio 5 de adicciones del Hospital J. M. Obarrio; el DIAT “Sumak Kawsay”; el hogar San José; la clínica Casa Grande y el Comedor “8 de Marzo”.
Entre las situaciones problematizadas se mencionan cuestiones ligadas a pobreza, indigencia, explotación laboral, desempleo, alta tasa de suicidios, consumo problemático, inseguridad, discapacidad, riesgo social, ruptura de los lazos familiares, diferencias generacionales, desamparo, etc.
Estas cuestiones fueron interpretadas a partir de un conjunto de categorías que, aspirábamos, formaran parte de la caja de herramientas del futuro profesional del trabajo social: biografía, capital social, campo, configuración, crisis del pensar habitual, cultura de presentación, desafiliación, desigualdades (y toda su variedad)  desocialización, desviación, distancia social, establecidos/marginales, etiquetamiento, estigma, habitus,  institución total, identidad social, inseguridad social, incertidumbre, legitimación, poder,  unidimensionalidad, entre otras.
El objetivo perseguido no era coleccionar categorías sino recuperar su potencialidad crítica para desnaturalizar situaciones padecidas por los actores en su vida cotidiana potenciando la mirada del estudiante, el abandono de la ingenuidad del saber de sentido común y la auto-vigilancia epistemológica.
Como consideramos que una etapa importante del proceso de enseñanza es la socialización de las experiencias, la escucha responsable y la mirada crítica y respetuosa sobre nuestras producciones y las de los otros, se implementó un momento de exposición compartida en donde los diferentes grupos se apropiaron del salón de clases, armaron sus cartografías, planos, maquetas, iconografías y todos los copartícipes fuimos recorriendo las presentaciones y escuchando las narrativas de los integrantes de cada grupo de trabajo.
La evaluación posterior que los propios estudiantes realizaron de la experiencia y su potencialidad pedagógica nos compromete a seguir y mejorar en lo posible, esta práctica alternativa a las formas tradicionales de concebir y practicar la docencia en la universidad.
El espacio topológico como integración entre teoría e investigación social
Las cartografías, de las que hemos comentado a partir de nuestra experiencia su potencialidad integradora y didáctica, se inscriben en el espacio topológico.
La topología puede ser definida como “el estudio de los aspectos cualitativos de las formas espaciales o de las leyes de la conexión, de la posición mutua y del orden de los puntos, (…) hecha abstracción de sus relaciones de medida y magnitud” (Conde, 1994: 113) Y en tanto práctica performativa del espacio (Serres), implica un lenguaje que permite mantener ciertas especificidades cualitativas y contextuales; y como tal, articula las perspectivas cualitativas y cuantitativas, superando las dicotomías euclideanas (micro – macro; centro – periferia; dentro – fuera; global – local). En el análisis topológico, entonces, circulan los diferentes espacios: el espacio percibido de la representación, el espacio concebido de la producción y el espacio vivido de la práctica. (Lefebvre).
La importancia del espacio topológico se revela a partir de los intentos de superación de la ruptura producida en las ciencias humanas enmarcadas en el modelo de ciencia galileano (Husserl, 1999; Derrida, 2000) que diferencia entre mundo objetivo matemáticamente instituido (objeto de la ciencia) y mundo de la vida como sustento de sentido cimentado en la experiencia. Distinción que se inscribe en la discusión clásica entre ciencia galileana o ciencia aristotélica o entre explicación y comprensión, o, finalmente, entre paradigma cuantitativo vs. Paradigma cualitativo.
Fernando Conde (1994) señala que las dimensiones comúnmente asociadas a lo cualitativo y lo cuantitativo no constituyen algo ya dado previamente en la realidad social sino que se inscriben en un continuo que puede ser recorrido desde lo instituyente a la instituido o desde el sustrato de la praxis de la investigación social concreta a lo particular, reificado y abstracto.
Este proceso parte del nivel subjetivo en donde residen el proyecto del actor y los procesos motivacionales. Pasa por el nivel de los discursos, el nivel más complejo y extenso en tanto en él se nombra, se construyen los temas “semánticamente significativos”, se los ubica temporal y especialmente, se generan categorías, tipificaciones o motivos “porque” en el pensamiento schutziano. Para arribar al nivel de las construcciones más abstractas en tanto alejadas de la experiencia social concreta, al “espacio euclídeo” del dato numérico que, reificado del proceso anterior, constituye la ciencias objetiva.
Este continuo implica un proceso de reducción y construcción. Reducción progresiva de la múltiple complejidad en la que se expresa la realidad social y construcción del discurso teórico que busca significar esa realidad social. 
El proceso no sólo da cuenta de la práctica científica investigativa, sino de la forma de construcción del conocimiento social que realizan los actores en su actitud natural en el mundo de la vida: “sus significados, perspectivas y definiciones; el modo en que ellos ven, clasifican y experimentan el mundo.” (Taylor y Bogdan, 1987: 114)
Cada escalón de este continuo implica entonces una forma de acercamiento cognoscitivo con el mundo de la vida, una operación metodológica y un conjunto de actividades concretas ligadas a la investigación social y específicamente a la construcción del conocimiento sobre lo social.
A su vez cada dimensión del proceso mantiene una relación dialéctica cercana o distante, compleja o simplificada, basada en la cualidad significada, en la topología, espacio en el que se ha desarrollado esta experiencia, o en la mensurabilidad, con el mundo de la experiencia real que pretende significar. Cada dimensión se expresa –finalmente- en acciones concretas desarrolladas por el investigador en su intento de interpretar el sentido de la acción social.
Recorramos este camino en tanto el mismo nos permitirá fundamentar, teórica y metodológicamente el espacio topológico al tiempo que nos mostrará sus vínculos con el proceso de investigación desde su lógica inductiva.
Los dos primeros momentos de este continuo: La temporalización histórica y el paso de la innominación/nominación remiten a la génesis simbólica en tanto refieren a la “producción y apertura a un nuevo y posible campo simbólico y discursivo” (Conde, 1994: 102)
La ubicación histórica de un acontecimiento implica realizar un recorte y establecer límites a ese acontecimiento, aquí hay una primera significatividad. “Datar un acontecimiento es ya una primera forma de empezar a comprenderlo, su ubicación histórica nos evoca un contexto, una problemática, un cierto desarrollo cultural, etc.” (Conde, 1994: 104). La temporalización relaciona el acontecimiento con la historia social y con la biografía particular del actor –a través del acto reflexivo- y en esas coordenadas cobra significado. (Schutz, 2003: 169 y ss.)
Un problema de investigación es tal en tanto puede contextualizarse en el tiempo y en el espacio, el mismo recorte realiza el actor social cuando separa, del continuo fluir temporal del mundo de la vida, un acontecimiento para significarlo, describirlo, nombrarlo y valorarlo, pero antes de realizar esas acciones lo reduce, le fija límites, lo ajusta en un horizonte de temporalidad, así el acontecimiento pierde parte de su dimensión procesual en pos de una mejor inteligibilidad, tiene un principio y probablemente un final.
La otra dimensión esencial en esta génesis simbólica es la nominación. Nombrar implica una primerísima instancia de “representación” o significación, en tanto gesta y delimita un acontecimiento como posible campo para toda una serie de operaciones de conocimiento.
El paso de lo innominado a lo nombrado por cierto que no es ingenuo ni neutro, por el contrario tiene una intencionalidad y es el resultado de una correlación de fuerzas. Como afirma Bourdieu, las categorizaciones, las clasificaciones, los enclasamientos, los lugares comunes, los principios de división “constituyen la apuesta de unas luchas entre los grupos a los que caracterizan enfrentándolos.” (Bourdieu, 1985: 487) En tanto las categorías que dan nombre funcionan en el orden de la inclusión – exclusión ya que definen “lo que es” y “no es” el caso, diferencian entre el “nosotros” y los “otros”.
Es por esto que en la investigación social es necesario estar atento a estas intencionalidades. En el trabajo de campo “es preciso aprender a examinar los vocabularios en función de los supuestos y propósitos de los usuarios, y no como una caracterización objetiva de las personas u objetos de referencia”. (Taylor y Bogdan, 1987: 73) 
El tramo siguiente en la escala está dado por los espacios simbólicos, en donde Conde diferencia entre la configuración simbólica, la valoración y la configuración semántica. En estas etapas el relato o acontecimiento que constituirá el caso sufre una primera estructuración de lo múltiple y heterogéneo propio de la génesis simbólica.
Estas dimensiones remiten al orden propio del lenguaje que tipifica o estructura el relato otorgándole su propia coherencia interna. Corresponde con las operaciones metodológicas a partir de las cuáles un primer relato que apela a las motivaciones subjetivas del actor comienza a estructurarse desde lo intersubjetivo, desde las tipificaciones o “motivos porque” objetivados en el acervo de conocimiento a mano. (Schutz, 2003: 88/89)
La primera operación que genera un orden es la configuración simbólica, las tensiones simbólicas y los equilibrios de poder definen la configuración, de allí la “polifonía” de voces propia de la investigación cualitativa. El conjunto de metáforas que caracterizan al acontecimiento busca imponer un principio de división al producir características bipolares que se enfrentan entre sí (Bourdieu, 1985): “bueno – malo”; “sano – enfermo”; “joven – viejo”; “blanco – negro”; “normal – estigmatizado[4]”; “masculino – femenino”; etc.
Las adjetivaciones que caracterizan el acontecimiento constituyen una configuración, no sólo en tanto lo describen apelando a ciertas cualidades del continuo polar más que a otras: “es más bien blanco que negro” sino estableciendo entre esas cualidades un orden: “fundamentalmente es varón, además es blanco, normal, sano y bueno”. La valoración simbólica –explica Conde- remite a la idea de “perspectiva” en Husserl: “los múltiples modos intencionales de tener conciencia de un objeto, a los cuales corresponden diferentes modos de certidumbre y pasividad.” (Citado en Conde, 1994: 110) 
La configuración semántica, resultante de las operaciones anteriores, consiste “en la producción/ configuración/ reducción del fenómeno social a un espacio o instancia en el que los contextos exteriores de determinación y configuración socio-simbólico-discursiva, etc., más generales pasan a segundo plano, frente a la propia trabazón y articulación interna de las dimensiones simbólico-discursivas.” (Conde, 1994: 111) Aquí el caso (el dato) ya es rico semánticamente en sí mismo, sin necesidad de apelar al contexto para darle sentido, el acontecimiento se ha instalado como aquello que se ha de analizar, como heurísticamente significativo sin necesidad de referir a otra cosa.
Además, como consecuencia de lo anterior, el caso se ha naturalizado, constituye una realidad objetiva opaca, oculta, esotérica, que parece olvidar su origen ligado a la praxis humana (Berger y Luckmann, 1984: 66 y ss.) y por eso mismo analizable, objeto de interés científico.
El análisis interno del acontecimiento “recortado” implica, no necesariamente un conocimiento cuantitativo sino más bien topológico, último tramo antes de llegar al descanso que dará paso al espacio euclídeo de lo cuantitativo.
La topología, como dijimos, implica un lenguaje matemático que permite mantener ciertas especificidades cualitativas y contextuales. El análisis topológico del caso se revela en la dimensionalización referencial en donde, al igual que en el proceso de tipificación o “etiquetado” (Becker, 2012) tomamos una dimensión del fenómeno reduciendo al caso a esa dimensión. Por ejemplo, caracterizamos al capitalismo a partir de la “búsqueda racional de la ganancia”[5]. El procedimiento es similar a la construcción de los “modelos de motivaciones” (Schutz) o los tipos ideales (Weber) en tanto estos aíslan dentro de lo empíricamente dado algunos elementos considerados centrales, los que coordina en un cuadro coherente. (Weber, 1964: 17 y ss.) En la búsqueda de estos conceptos resultan centrales las “palabras claves” que surgen de las observaciones de la gente[6] (Taylor y Bogdan, 1987: 77)
El último escalón de este tramo topológico lo constituye la estructuración significativa entendida como práctica que permite “la creación de distintos espacios semánticos (…) de distinto tipo de asociaciones y distinciones entre significantes que posibiliten la construcción de unas ciertas clases de orden en función de los ejes inicialmente conformados.” (Conde, 1994: 114)
El espacio topológico aporta a la comprensión del proceso investigativo como construcción y reinterpretación de sentidos, desde la delimitación significativa temporal y espacial a partir de los aspectos subjetivos del actor, hasta el inter juego de las categorías teóricas y construidas en el proceso de investigación y su organización en un espacio objetivo no matematizable (Ibañez, 1985)
Espacio topológico que permite ver las cercanías/lejanías, las posiciones de los actores y sus relaciones con los otros, las correlaciones de fuerzas, las tensiones, las relaciones de poder, que permite contextualizar espacialmente determinadas prácticas, y también contextualizar temporalmente esas mismas prácticas si le otorgamos dinamismo a nuestras cartografías.
Espacio topológico que, finalmente, nos permite representar un territorio, pero la cartografía no es el territorio, es nuestra interpretación colectiva del territorio, nuestras miradas, con las relaciones de poder que nos atraviesan, con las herramientas que ponemos en juego, mirada que puede integrar (o no) la perspectiva de los actores que viven el territorio, de todos ellos, los dominantes y subordinados, que puede integrar (o no) las representaciones oficiales y las divergentes y mostrar como tensionan en el propio espacio representado, sin la aparente objetividad (que oculta y borra las diferencias) del dato cuantitativo.


Bibliografía
Becker, H. (2012) Outsiders. Hacia una sociología de la desviación. Buenos Aires, Argentina: Siglo veintiuno editores.
Berger, P. y T. Luckmann. (1984) La construcción social de la realidad. Buenos Aires, Argentina: Amorrortu.
Bourdieu, P. (1985) La distinción. Criterios y bases sociales del gusto.  Madrid, España: Taurus.
Burawoy, M. (2005) Por una sociología pública. En Revista Política y Sociedad Vol. 42 Núm. 1, 197-225.
Conde, F. (1994) Procesos e instancias de reducción/formalización de la multidimensionalidad de lo real: Procesos de institucionalización/reificación social en la praxis de la investigación social. en Delgado, J.  y J. Gutiérrez. Métodos y Técnicas Cualitativas de Investigación en Ciencias Sociales. Madrid, España: Síntesis. 97 – 119.
Derrida, J. (2000) Introducción a «El origen de la Geometría» de Husserl. Buenos Aires, Argentina: Manantial.
Freire, P. (1990) El acto de estudiar en La naturaleza política de la Educación. Barcelona, España: Paidós
Goffman, E. (1990) Estigma. Buenos Aires, Argentina: Amorrortu
Husserl, E. (1991) La crisis de las ciencias europeas y la fenomenología transcendental. Barcelona, España: Editorial Crítica.
Ibáñez, J. (1985) Del algoritmo al sujeto. Madrid, España: Siglo XXI.
Lefebvre, H. (1974) La producción del espacio en Papers: revista de sociología, Año: 1974 Núm.: 3, 219229
Santos, B. (2009) Una epistemología del Sur. México DF, México: Clacso/Siglo XXI.
Schutz, A. (2003) El problema de la realidad social. Escritos I. Buenos Aires, Argentina: Amorrortu
Segato, R. (2013) La crítica de la colonialidad en ocho ensayos y una antropología por demanda. Buenos Aires, Argentina: Prometeo libros.
Serres, M. (1995) Atlas. Madrid, España: Cátedra.
Taylor, S. y R. Bogdan (1987) Introducción a los métodos cualitativos de investigación. Barcelona: Paidós.


[1] Licenciados en Trabajo Social – Egresados de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT.
Técnico en la SEDRONAR (Secretaría de Políticas Integrales de Drogas de la Nación Argentina) Durante 2017 y 2018 Iniciando a la docencia en “Trabajo Social y Teoría Social Contemporánea”.
[2] Docente a cargo de “Trabajo Social y Teoría Social Contemporánea”.
[3] En este sentido, su mirada es similar a la Burawoy, que desde la sociología nos habla de una sociología pública que plantee la puesta en discusión de las temáticas que afectan y son de interés de la sociedad civil.
[4] Ver Goffman (1990)
[5] El análisis weberiano del capitalismo moderno occidental basado en la racionalidad.
[6] Taylor y Bogdan ejemplifican esto a partir de la forma en que los médicos y enfermeras clasificaban a los niños en la unidad neonatal de un hospital, por ejemplo, como “comedores”, “no viables” o “crónicos”.

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